Rubén Limas Telles: Democracia y pobreza

 

En días pasados aprovechamos este espacio para hablar de la aporofobia y los estragos que provoca entre la diáspora. Sin embargo, los que aquí se quedan también llevamos la cruz de instituciones volcadas a la satisfacción de los intereses de la usurpación. La evidencia más concreta de esa afirmación es que la pobreza y la precariedad no paran de crecer entre las grandes mayorías, mientras una ínfima minoría se da lujos inauditos. Los ampliamente satisfechos; entre la gula, la obesidad y la mezquindad, reaccionan frente a la crisis humanitaria compleja con indiferencia y desdén.

Las diferencias sociales se hacen cada vez más profundas y la clase trabajadora enfrenta el hambre de su familia viendo desde las ventanas de las camioneticas, de regreso a sus casas, la cosmética prosperidad de las plazas draculianas. Allí un plato de comida puede superar por mucho, los sueldos mensuales de un docente, un policía y una enfermera.

La incapacidad de la usurpación se suma al despropósito de algunas corrientes de opinión, autodenominadas de oposición pero en la práctica auspiciadoras del inmovilismo, que terminan por coincidir en que la pobreza es una especie de destino manifiesto, poco menos que un castigo divino, que la vulgar desigualdad social es un inmodificable estado natural entre los humanos. Unos lo dicen en correspondencia con el dogma socialista, otros desde la óptica “liberal” pero ambos beben de las mismas aguas estancadas del statu quo.

Pero la pobreza no es un mal necesario, ni una situación que no pueda ser modificada. Las sociedades que hoy son punteras en términos de prosperidad y desarrollo humano no lo fueron siempre, al contrario, atravesaron dificultades de todo tipo pero con pragmatismo y estima por la dignidad humana mostraron los resultados perseguidos. La Europa que hoy nos sorprende, apenas unas décadas atrás fue víctima de la absoluta destrucción.

Lo primero que hicieron los europeos fue alejarse de los dogmas: Cuando era necesario nacionalizar o privatizar empresas lo hicieron, sin complejo de culpa ni maniqueísmos. Lo público no es sinónimo de corrupción, ni lo privado sinónimo de eficiencia, ni viceversa, los determinismos no son prácticos para hacer políticas públicas.

Lo segundo que hicieron los Europeos fue reconocer en cada persona, dignidad y derechos inalienables. Eso implica que todas las corrientes del pensamiento puedan convivir bajo un sistema político que privilegie el voto como instrumento para dirimir controversias políticas. En Venezuela la usurpación ilegalizo a AD, PJ, VP, UNT, entre otros y, hay grupos que sin aprender de la experiencia, sugieren que tras el cambio político se proceda a la ilegalización del PSUV o cuánto huela a socialismo, como si esas prácticas fuesen útiles a la reconciliación que necesitamos. Otro tanto se debe decir en este punto, la reconciliación nacional no entra en contradicción con la también necesaria justicia.

Puede que el lector atento diga “pero la pobreza es un asunto económico más no político” y tendría razón sólo en parte. Solo las democracias han logrado combatir a la pobreza. Las dictaduras, las tiranías o las satrapías de toda garra y pelaje, tienen en común la miseria que hacen sufrir a sus pueblos.

La libertad, la igualdad y la fraternidad son las fuentes únicas de la prosperidad humana. Solo las democracias, con transparencia y rendición de cuentas, podrían cumplir con seriedad los Objetivos del Desarrollo Sostenible aprobados por la ONU. La política económica puede cambiar la economía, pero instituciones políticas democráticas permiten dotar de legitimidad a quién decide la política económica. La relación es causa efecto en términos de confianza y credibilidad.

Pero hay un último argumento en favor de la democracia como un régimen político competente frente a la lucha contra la pobreza. Una sociedad crecientemente desigual se dirigeal conflicto, a la lucha de clases, a la inestabilidad y la guerra civil. Si no somos conminados a democratizar a Venezuela por motivos trascendentes y patrióticos, debemos hacerlo por sentido de preservación de la integridad personal. Todos saben por dónde comienzan las guerras, pocos por dónde terminan.

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