Luis Manuel Esculpi: La Farsa del Plan B

Las negociacIón es sin duda una herramienta política. Una definición laxa de esa ciencia pudiera asumirse como el arte de la negociación. Esas conversaciones sumamente complejas, como toda lucha tiene sus avances y retrocesos, suspensiones y continuación. La experiencia ha demostrado que los más agudos conflictos terminan resolviéndose en una mesa de negociación. Imposible asegurar de antemano el tiempo de su éxito.

La crisis venezolana no necesariamente será una excepción, el hecho de haberse agotado el procedimiento iniciado en Oslo, no implica descartar para siempre ese mecanismo.

El régimen rehuye la alternativa de realizar elecciones verdaderamente libres y competitivas, llegaron a la conclusión a partir de las últimas parlamentarias de la imposibilidad de ganar unos comicios donde se garantizarán normas transparentes. Por eso apelaron a la trácala en las elecciones de la ilegítima constituyente, vulnerando el principio universal de “un elector un voto”, convocaron irregularmente elecciones presidenciales y apelan a todo tipo de artimañas para impedir procesos pulcros.

Ante el eventual fracaso de las conversaciones promovidas por Noruega, el régimen vino desarrollando un “Plan B”, que consistía en promover “una mesita” – así la llamaban-en paralelo a las reuniones de Oslo y Barbados, con el claro objetivo de dividir a los adversarios y constituir una oposición a su medida. La puesta en escena en el día de ayer, no fue otra cosa que la concreción de ese plan.

Independientemente de la representatividad de las organizaciones firmantes del acuerdo en la casa amarilla, donde la mayoría no poseen fracciones parlamentarias, constituye un intento de justificar la acción de levantarse de la mesa donde venían participando. El acuerdo de incorporación de la bancada del PSUV a la Asamblea Nacional constituye un reconocimiento explícito a la legitimidad de ese poder legislativo, evidencia además que la tesis del desacato, solo era una vulgar patraña para intentar impedir su normal funcionamiento.

El régimen no se propone hacerle frente a la gravísima crisis económica y social que vivimos, en su obsesión por conservar el poder a cualquier costo, intenta llegar al próximo año sin celebrar elecciones presidenciales, lo que implica enfrentar la aspiración de la inmensa mayoría de los venezolanos, de producir el cambio político a través de esa vía constitucional, democrática y pacífica.

Otros aspectos del fulano acuerdo resultan una especie de oferta engañosa, por ejemplo el programa de cambiar petróleo por alimentos, según el economista Francisco Rodríguez que ha sido su principal proponente señala: ” No es posible sin el concurso del gobierno estadounidense y de la administración de Juan Guaidó. Para implementarlo es necesario que Trump apruebe una excepción humanitaria y que Guaidó autorice el uso de la cuentas de PDVSA en EEUU”.

Los firmantes del acuerdo con el gobierno no han mostrado la misma actitud diligente cuando solicitan la incorporación del PSUV a la AN, exigiendo el cese de la persecución a los diputados legítimamente electos, la incorporación de los exilados y la libertad de Edgard Zambrano y Rafael Requesen.

En cuanto a la elección de un nuevo CNE, consideran al no lograrse los dos tercios que se requiere para elegir ese organismo en la AN, aplicarían la fórmula de la “inhibición parlamentaria” -como ya lo han hecho antes- para que en definitiva lo elija el actual Tribunal Supremo de Justicia controlado por ellos.

En los acuerdos no se menciona para nada la ilegitimidad de la constituyente, de tal manera que habría un reconocimiento de los firmantes, en definitiva lo contemplado en el “Plan B” del régimen terminará constituyendo una gran farsa, con el cual suponen solventar la crisis política. ¡ Cuán lejos están de la realidad!

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