Irene Olazo Mariné: Me niego a perder a Venezuela

 

Los últimos meses han sido en lo personal un poco complicados, estamos acostumbrados a escuchar un torbellino de eventos y noticias que se van sobreponiendo unas sobre otras y no nos da tiempo de digerir las cosas, en lo político y en lo social.

A diario, minuto a minuto, se van sumando un sin número de acontecimientos que no se le da la atención a cada uno como lo merece y pasan casi al olvido. En lo personal trato de sentarme a digerir algunos eventos, meditarlos y tratar de que no pasen desapercibidos.

Quien me conoce personalmente sabe que, una de mis características es que -sin importar el momento que esté pasando- no dejo de pensar en las necesidades del prójimo, en ser un apoyo a quien lo necesite pero, en especial, regalar mi más profunda y sincera amistad y ésta va con lealtad.

Tal vez esa característica es un defecto para algunos, una debilidad; para otros es algo positivo, una fortaleza. En lo personal solo es parte de mi ser que he aprendido con el tiempo a moldearlo para llenarme de fuerzas y llevar mi vida en conjunto con esa característica.

Hace algún tiempo atrás, una de mis hermana me dijo que quería presentarme a una vecina de ella y me dice toda entusiasmada: “Ella quiere verte porque estudió con nosotras en octavo grado y dice que nunca se olvida de ti, ya que siempre la defendías porque le hacían mucho bullying, ¿te acuerdas de Cotufa?”. Les debo confesar que nunca me acordé (¡qué pena!) pero ahora somos amigas…

He ido así por la vida, apoyando lo justo, defendiendo a aquel que es humillado, vejado y tratando de poner un granito de arena al necesitado, y una de las cosas que más me llena es poner sonrisas en aquellas personas que pasan momentos complicados: por ello que me cuesta tanto pasar por alto cada acontecimiento, especialmente ocurrido en mi amado país, con mi hermoso pueblo. Así hoy día por las vueltas de la vida me encuentro buscando defender los derechos humanos de un pueblo que durante años fue manipulado y ahora maltratado.

Estoy segura que muchos de ustedes saben lo que se siente cuando escuchas o lees que algún familiar o amigo está preso o lo están buscando. Algunos tendrán conocidos detenidos por razones políticas y sólo oyes como se les violan sus derechos y no puedes ser más que un espectador, porque ya no sabemos qué más hacer como ciudadanos y nos sentimos desesperanzados.

Hay momentos en los que nos llenamos de ánimo, esperanza y ves pasar las horas, los días y los meses, pero la situación es cada vez es más crítica. Es tan grande la lista de las necesidades que sería más fácil decir las cosas buenas que las malas de lo que se vive en Venezuela día a día.

Quiero resaltar que no hay medicamentos, ni servicios básicos, escasean los alimentos y el agua potable, la inseguridad es una de las más altas del mundo, la impunidad es de casi un 98% y sólo se vive en una constante angustia. Ahora pasamos de cortes de luz racionados por un colapso del sistema a grandes apagones nacionales y cada vez siento más el conformismo de un pueblo cansado, maltratado y agobiado. Veo con un gran preocupación y temor como el resentimiento y el deseo de venganza se ha apoderado del corazón de muchos, y a decir verdad, comprendo aquellos que poseen estos sentimientos, porque no es fácil manejar las emociones cuando se trata de un narco-régimen que no siente valor ni respeto por la vida y sostiene como practicas comunes las torturas físicas (demostrado que son capaces de asesinar) y psicológicas.

No existe familia que no haya sido víctima de alguna manera de la ambición y del poder de unos pocos. No controlamos esos sentimientos y los transformamos en fuerza para buscar justicia sin perder el valor humano. A veces temo que podamos tardar años en poder realmente a recuperar a nuestro país.

Yo creo que si cada venezolano se ocupa de meditar y elegir un evento diario, y se dispone a ver cómo puede ayudar para mejorar cada situación, serán millones de granitos de arena que día a día se suman, y se puede comenzar con cosas sencillas como regalar un vaso con agua potable o simplemente una sonrisa para aquel que sufre los arrebates de la situación y así van creciendo esas ideas de cómo -con lo poco podemos hacer mucho- llevar bendiciones. Aunque, no lo crean, el solo hecho de oír a un padre que sufre por su hijo preso, asesinado o enfermo y darle un abrazo vale mucho más que lo que el dinero puede comprar.

Me niego a perder a Venezuela, me niego a ver a mis seres queridos llenos de rencores con pensamientos negativos que solo sirven para autodestruirse, me niego a ver que nos conformemos con las migajas que nos dejan los que hoy usurpan el poder, pero me niego también a que los líderes políticos jueguen con mis emociones y pretendan usarme de marioneta para sus fines partidistas y personales, no podemos quedarnos de brazos atados sin luchar por nuestra vida pero sobre todo por nuestra dignidad.

Hay luchas que son de combate frente a frente, otras que son espirituales, otras que son personales y otras sociales. Yo estoy segura que si todos luchamos desde donde tengamos mayores virtudes, pronto Venezuela será libre y tendrá personas capaces de reconstruir al país de las cenizas como el Ave Fenix.

 

Irene Olazo Mariné

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